Señor se que soy importante para ti, aunque a veces se me olvide, y sienta demasiado peso sobre mi, aunque me cueste llevar a cabo las cosas que me propongo.
Gracias por llamarme, por emocionarme y por hacerte presente en mi día a día, por animarme, por tirar de mí siempre que me he apartado más de tu camino, gracias por venir a buscarme. Gracias por poner en mi vida personas imprescindibles cuando las he necesitado, por hacer de mi alguien que intenta ser un poco mejor desde que se encontró contigo.
Señor, dame fuerzas para que estos sentimientos no se apaguen, para que no sean sustituidos por otros menos verdaderos. Ayúdame a ser luz para otros que lo necesiten, haz que te sea útil.
Gracias por haber transformado mi vida y no dejar que vuelva al principio, y gracias por contestarme a esto, con un escalofrío.
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El fin de semana pasado estuvimos de convivencia, los de Casiciaco, y los de Confirmación II.
Para mi fue muy especial, porque como dije en la Acción de Gracias de la misa del sábado, me recordó a la primera convivencia de Archidona en la que estuve. Me gustó mucho volver a compartir unos días con gente con la que tan solo estuve el primer año, y con otros con los que nunca había tenido la oportunidad.
Fue un reencuentro con Dios después de un tiempo un poco perdida, entre risas, canciones, y mucho frío. Pero sobretodo durante la oración que hicimos el viernes por la noche, reflexionando en silencio con canciones de Taizé de fondo, os he dejado arriba lo que escribí mientras tanto.
Yo no sé lo que significó para vosotros y por eso me gustaría que si os apetece, lo compartiérais aquí.
Un beso muy fuerte y espero veros a todos mañana, miércoles 23, en San Agustín a las 20:30 en la oración de Taizé.



